Un hombre no patea perros heridos

Por Susana Iglesias*

 

La navaja

No soy una tipa dura
Esa es una novela que otro escribió
Las tipas duras sí bailan
Como Marlene que puteaba en La navaja
Un sitio que no conoces porque tienes menos de 30 años,
cuando eras mayor de edad este sitio ya no existía
Marlene puteaba por piedra, por comida, para comprarse unos calzones nuevos con Julia: la señora que ofrecía lencería a las putas de todo el Eje.

Era rubia teñida, flaca, sin culo, su cara tenía ese aire inmundo e inocente de sufrimiento podrido.

Decía todo el tiempo que tenía que alcanzar el metro antes de las once veinte de la noche, lo decía a las ocho de la mañana totalmente borracha

Marlene no tenía piedad de ningún hombre, mucho menos de ella Al idiota que se le acercaba le exprimía la cartera

la verga.

Se bebía sus tragos, robaba sus sacos a veces

Los vendía después en el parabús de Perú y Eje Central, al hombre de las chácharas.

Una noche amaneció muerta en el Hotel Laredo: Asfixia, golpes, violada por todos los orificios, rasgada

Estaba preñada: cinco meses o más
La persona que cruzó con un picahielo todo su cuerpo y su preñez quizás lo notó, quizás no.

Eso decían los periódicos de nota roja: “142 piquetes, picadillo de mujer.”

Me enteré almorzando en Perú, en la fonda donde las putas comen a las dos de la tarde con sus hijos.

No sentí tristeza, probablemente Trinidad la mató Decían que era de Tijuana, que estuvo en pandillas Que era el padre del niño
Que la obligó a sacárselo

Que ella no quiso No sentí́ tristeza.

 

Mis amigos más brillantes

No todo es ser listo, ni amable
La cortesía es simulación, costumbres familiares sumisas Hago lo que me place
No siento nada al quitar de mi camino a los que me estorban No creo en el apego hacia personas inmundas
Podría venderte cocaína sin tener que inhalarla
Darte alcohol sin tener que beberlo
Puedo hacerte daño sin que te des cuenta
No todo en la vida es ir adelante.
Muchas veces les pedí a las personas que amaba que no se hundieran más                                                  esas personas que amé están muertas.

Mis amigos más brillantes se suicidaron.


Siempre

Siempre quise ser mi perra un pitbull bien entrenado es mejor que un revólver.

 

América

Nunca quise nacer en América
Jamás podré comprar una casa
No me gustan las personas
Menos las que desean renunciar a algo, renunciar es creer Creer es abrazar la esperanza

La esperanza es la muerte
Estamos muertos desde que damos el primer respiro.
No me gustaría tener un auto
Ya no me agrada el box, no tengo televisión
Una vez me encerraron por negarme a hacer mi trabajo
No peleo cuando una mujer hermosa me dice que es mejor que yo,

detesto la violencia de un trozo de carne deprimido.

No tengo libros favoritos

Todos los autores con los que siento conexión están muertos No soy una mujer, no destruyo hombres
No me interesa humillar a otras mujeres.

 

Marx

Es una pared que huele a orines.
A la mierda Marx.
Socialistas, comunistas, anarquistas: tan ridículos como los cristianos.

La explotación burguesa del tabaco que fumaba Marx apesta Revoluciones sociales: escoria de un mundo despiadado.

Ambiciones
Sufrimiento

Todas las banderas son trapos
Trapos muy sucios
Me gustaría ver a los revolucionarios comiendo papas crudas con sal.

 

Acapulco

Estoy en La Reforma, una cantina piojosa
Entre parricidas, asesinos, exboxeadores, dealers,
Proxenetas, putas y adictos al crack
Cuando llego todos me sonríen y saludan alzando sus vasos
Un par de veces saliendo de este sitio he terminado en la playa de

Acapulco donde dicen que Elvis Presley vive escondido.

En la rockola pongo una canción que habla de Jesucristo: “Miro al cielo y veo una nube blanca
que está pasando Miro la tierra y veo una multitud que está caminando Como esa nube blanca esa gente no sabe adónde va

¿Quién les podrá decir:

el camino cierto es nuestro señor?

Jesús Cristo, Jesús Cristo yo estoy aquí”.

Le doy una moneda de diez pesos a uno de los adictos: El gato “Hey Gato, ¿puedes irme a comprar un caramelo?, quédate con el cambio.

Regresa minutos más tarde con mi caramelo Me devuelve la moneda de diez pesos
Con esa moneda vuelvo a poner la canción.

 

Un hombre no patea perros heridos

 

*Un hombre no patea perros heridos, de Susana Iglesias (Los bastardos de la uva/CONACULTA, 2015). Agradecemos a la editorial las facilidades otorgadas para su publicación.

Autor: administrador

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