Perversiones de la era de la inmediatez

Por Ale del Castillo

 

Antes confiábamos en que los mensajes se perdían, ahora se nos van los ojos esperando que dos palomitas se coloreen de azul. Para mí las palomitas azules son la perversión de la era de la inmediatez.

Si suena el teléfono cierro los ojos y pongo mis oídos en mute. Hago de cuenta que nada ha pasado. Tengo ansiedad y sólo de pensar que un mensaje me exige una respuesta, me da más ansiedad.

Los códigos han cambiado también. Nos evitamos los saludos por cortesía y vamos directo al grano, ya ni rudo es. Pregunta-respuesta. Chisme directo. Pélame-estoy viendo que estás en línea.

Con una amiga decidimos poner el emoticon de un pingüino cada vez que cerráramos un tema de conversación para no tener que continuar la charla. Pingüino-sale-bye. De vez en vez he recibido mensajes que dicen: “Me dejaste en visto”. Sí ¿y?. “No me ignores”. Te ignoro porque puedo, porque tal vez no es tu turno o porque simplemente el mensaje interrumpe la vida, alguna actividad, porque voy manejando, porque estoy en el cine, porque acabas de fracturar el único pensamiento interesante que me había cruzado en la cabeza el día de hoy, vaya… estaba escuchando una gran canción cuando llegó tu mensaje y entonces perdí hasta la música.

Otra de mis amigas decía que fulano-o-sultana-de-tal no estaba “comprometido con su teléfono” porque no contestaba los mensajes de inmediato. Porque los teléfonos inteligentes con sus sonidos estridentes avisan que llegó un mail, que tienes una mención en Twitter, que en el chat de Facebook te están esperando cinco personas, que alguien ha tenido un momento funny y ya te lo compartió en Snapchat. Seguro debe haber muchísimas cosas más que estoy segura no quiero conocer.

Ya sé, ya sé. Justo ahora todos se preguntan por qué no he quitado las apps de mi teléfono o por qué sigo teniendo un móvil. Pero el tema no es ese, el verdadero tema es aprender a vivir con eso y poner reglas propias.

Yo decidí que no voy a contestar de inmediato (y otras cosas).

Cuando era adolescente pertenecía a un club de correspondencia, escribía de aquí a África, Japón, Cuba, Argentina, Perú o Italia. Mandaba una carta y contaba los días, conocía que una respuesta de Italia tardaría poquito más de un mes y una a Cuba serían mínimo dos meses si no es que más.

Lo bonito de entonces era la espera, tenía algo de emocionante y también de inesperado. Cosa que no siento cuando en el whatsapp te piden respuesta, información, los documentos, estamos en llamas, contesta, ¿vienes o no?, ¿nos vemos mañana? Parece que no hay forma de esconderse, guardar silencio o sin ser cínico (pero sí) dejar de contestar.

Aunque hay otras alternativas. He leído un texto viejo de Enrique Vila-Matas en el que cuenta que el músico Erik Satie no abría su correspondencia pero contestaba todas sus cartas sin leerlas. Vila-Matas no tardó en organizar su propia iniciativa y dijo: No leeré más ‘e-mails’.

Así como lo prometió, evitó la lectura y también respondió a todos.

Dicho lo cual, inauguro la temporada de no leeré más tus mensajes, me daré el lujo de ir en contra de la perversión de la inmediatez y responderé lo que tarda una carta en ir a Italia para que vuelva su respuesta.

 

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>Ale del Castillo es mejor conocida como La Baronesa Rampante porque escribe desde la copa de un árbol. Le gusta escribir sobre música porque trabaja secretamente en una teoría musical que fundamenta que la voz tiene color de emoción y desde entonces colecciona voces con sentimientos asignados. En sus ratos libres se dedica a hacer periodismo. @baronesrampant 

Autor: administrador

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