Monólogo sobre crónicas negras, incinerados y más

Por Diego Leonardo González Rodríguez

 

“Nena, no te pongas pesada /no me apagues el televisor

Es la hora de las noticias / quiero saber de los muertos de hoy.”

Háblame de horror. 1280 Almas.

 

 

Daniel Valencia no ha presenciado el inicio de un desastre, pero siempre ha llegado puntual a ver a los heridos, los muertos, las cenizas de las casas en llamas o la sangre en el pavimento.  Ha hablado con pandilleros, reos, criminales de todas las calañas, políticos de todas las cloacas. Ha conversado con las madres de las víctimas y de los victimarios. Ha cubierto historias perturbadoras y dolorosas, historias de impunidad, corrupción, indolencia.

Su trabajo es reportear, escribir, investigar, echar el cuento, meter los pies dentro del barro, pisar la sangre fresca para tomar la fotografía de la muerte recién ensabanada.

Hace parte del equipo del diario digital Elfaro.net, edita y escribe artículos policiales, notas rojas, crónicas negras. Valencia hace periodismo en San Salvador, uno de los países más violentos del mundo, donde criminales y policías le han hablado al oído de lo inconfesable.

1.- La muerte se convierte en un espectáculo público, estamos tan acostumbrados que para nosotros es un espectáculo público más. Es como ir a un partido de fútbol. Es como ir a escuchar el concierto. Ver al artista. A falta de acceso lúdico de divertimento para nuestras sociedades, la escena del crimen es un acontecimiento social, después de la escena del crimen en las comunidades todo mundo va a medir tu relación con la comunidad sobre la base de ¿Fuiste a la escena del crimen? ¿Viste al muerto? ¿Viste quién era? ¿Te acordás quién era él? y a comentar ¿Por qué lo habrán matado?Sabemos que lo mataron por esto. Es decir, es un evento social, es la normalización de la violencia en nuestra región.

2.- La cosa es que no fue que los policías incendiaron la cárcel, si no que a la hora del incendio, los policías penitenciarios lejos de auxiliar a los reos que estaban atrapados y que estaban quemándose, dejaron las puertas cerradas y no les dieron chance de salir.

Los policías no dieron oportunidad de nada, ni de abrir los portones de la cárcel para que ingresara el camión de bomberos. Los policías no querían que se les escapara ningún reo. Entonces, decidieron comenzar a dispararles a los prisioneros que rompieron los techos en búsqueda de algo de aire.

La quema de la cárcel de Comayagua (Honduras) fue algo increíble de verdad, es decir, ahí murieron más de trescientas personas calcinadas. La escena, el olor de la escena, el tratamiento de las autoridades hacia los cadáveres, hacia las familias que llegaban a preguntar por ellos.

Creo que hay una imagen que yo nunca voy a olvidar, es después de que han recogido todos los cadáveres y se los llevan en furgones hacia Tegucigalpa la capital de Honduras.

Está el millar de familias esperando saber si alguno de los muertos es su hijo o su primo, su padre, su hermano. La cosa es que los furgones se arruinaron porque eran demasiados cadáveres, entonces se arruinaron y la morgue de Tegucigalpa tampoco tenía espacio para trescientos cadáveres, entonces estos furgones, que en teoría tienen que tener temperatura helada para mantener los cuerpos, se arruinaron y lo que tenían era la imagen de un millar de personas en una pendiente, una calle un poco empinada, el furgón estaba hasta arriba en el extremo superior de la calle, toda la gente estaba abajo, entonces lo que tenías era el furgón con las puertas abiertas. Las abrieron porque prefirieron tenerlas abiertas con el olor que eso destilaba, porque cerradas hacia que se deterioraran aún más los cuerpos. Entonces tenías la escena de cadáveres allá apilados en esos furgones con las puertas abiertas y de ahí bajaban unas correntillas –fluidos corporales– que cruzaban por los pies de todos los familiares y se escurrían en una alcantarilla.

El Faro

3.- El primer tema que se me ocurrió cubrir era tratar de responder a esta pregunta ¿Y por qué en la guerra de las pandillas los jóvenes son tan violentos y capaces de matarse, unos tan chicos, y hacerse cosas tan bestiales tipo película Saw, o de cortarse partes del cuerpo, o arrancarse piel de cara, desfacelarse? Tratar de responder esa pregunta sobre la base de las concepciones generales que se tienen sobre ellos: <<es que son malos>>, <<es que hacen pacto con el diablo>.

4.- Hace como dos años, incluso, hacíamos la broma en el equipo de la Sala Negra: que aquellos casos que nosotros llegamos a conocer como historias de éxito como la de Little Scrappy, la de Jovel Miranda, nos los fueron matando, uno por uno; es decir, creo que tenemos alrededor de ocho fuentes, ex pandilleros que se salieron por la libre, que digamos, se salieron del mundo de las pandillas, ya no estuvieron delinquiendo, que al final por una u otra razón terminaron asesinados. Es casi que una tara o la necesidad de pagar sus propios clavos.

Conozco uno en Guatemala, él está vivo, él es de las primeras generaciones, tendrá 45 años, él está vivo, pero siempre está obligado a tener un pie dentro, un pie fuera de la pandilla. Otro caso que conozco, aquí en San Salvador, uno de los primeros pandilleros retirados, tiene como 40 años, se fue a Estados Unidos, estaba viviendo allá, ya se había calmado, en Estados Unidos lo deportan por alcohólico, se peleó en una calle, lo agarran y lo deportan.

Ha regresado al Salvador. No se mete con la pandilla, que ahora son unos niños, y él les lleva una distancia como de 20 o 25 años. Más si son jovencitos. Él no se quiere meter; pero la orden que tiene es de no salir del territorio porque si sale del territorio, la pandilla contraria, que está arriba de su colonia, lo va a matar y eso para su clika es una ofensa.

Estando dentro del territorio tiene que cumplir ciertas reglas. Una de estas es no pelear, si pelea lo castigan porque está rompiendo las reglas del barrio y como no aporta nada para el barrio, es decir, prácticamente éste tipo vive preso en su casa, pero está vivo. No sé si eso es una historia de éxito, creo que no, está jodido vivir en tu propia colonia y ser una persona casi que presa en tu propia colonia. Éxito en cuanto a que viven, que su vida sea con un final menos trágico así como éste, si no conozco. La verdad no conozco.

Daniel Valencia, periodista de El Faro.

Daniel Valencia, periodista de El Faro.

5.- He llegado a entender la posición de un pandillero, entiendo su furia y su resentimiento y hasta cierto punto hasta lo compartís. Es decir, imaginaté que sos un joven de escasos recursos quien no tiene ningún futuro, que vivís en una comunidad en la que sabes que no vas a tener ningún futuro. Uno, porque tu escuela es muy mala y tu acceso inmediato para una mejor educación no existe; tu entorno familiar no te va a seguir sosteniendo cuando ya cumplas la mayoría de edad; porque tu mamá es muy pobre, tu abuela es muy pobre, tu papá no está; las expectativas de futuro y de vida para un joven de escasos recursos en El Salvador son bien jodidas y sin duda vivir en ese entorno y encontrarte con la oferta de las pandillas por un lado es algo más inmediato y algo que te puede solucionar en el corto plazo la vida, a sabiendas que la estás arriesgando por un futuro que es a corto plazo.

Su furia y su resentimiento a la sociedad es entendible pero a leguas. Ahora, yo no comparto y no estoy de acuerdo con ellos en su guerra, en su cultura y en la gran lavada de coco que les dan los pandilleros más viejos a los más jóvenes para que se metan a eso. Es un sin sentido que existan para eliminarse. Que la 18 (La pandilla del Barrio 18) exista para matar a la MS (Mara Salvatrucha) y viceversa.

6.- De las cosas que yo más agradezco en estos años de reporteo ha sido tener la certeza de que éstas no son historias de buenos y malos, de que en el mundo de la violencia ni el policía es tan bueno, ni el pandillero es tan malo. Hay una gran escala de grises en las que se mueven todos, desde el pandillero, el policía, el fiscal, el médico forense.

La adrenalina es un arma de doble filo porque a veces uno se deje de llevar y si no tenés bien planificadas las cosas o al menos los colchones que te permitan sortear eventos que pueden ser bien riesgosos, la adrenalina te puede jugar en contra.

La adrenalina te puede jugar malas pasadas, lo importante son las lecciones que nos han quedado de esta cobertura: no dejarnos ir sin tener garantías o salva vidas. Si vamos a entrar en una zona de conflicto tenemos que ir con gente que conozca la zona, que conozca el terreno, con contactos dentro de la zona de uno o del otro bando.

Se te rompe algo de la sensibilidad. Ya no te afecta tanto ver al muerto, oler al muerto, que eso también puede ser un riesgo, porque muchas veces cuando te curtís tanto de algo, probablemente perdés ese olfato que te puede llevar a nuevas aproximaciones o a nuevas preguntas que hacer en el reporteo.

Se te van rompiendo algunas fibras y es como que ya hay cosas que ya no te afectan, que ya no te quitan el sueño o que probablemente sí lo hacen, pero vienen a manifestarse mucho tiempo después.

7.- En el Equipo –Sala Negra de Elfaro.net– a la mayoría nos ha afectado en menor o mayor rango, yo creo que he sido de los más afectados por ese tema, porque creo que se mezclaron una serie de cosas en un momento determinado entre 2012 y 2013, que desembocaron en mi conducta y en mí forma de conducirme, unas cosas bien raras, como apatía, falta de ganas de ir al trabajo, especies de miedo o paranoias sobre lo que le podía pasar a mi círculo familiar más cercano. Yo creo que era como resultado de estar tan expuesto a esta espiral de violencia.

8.- Hay cierto punto en que decís ¡puchica, esto ya no tiene arreglo! Pero que sigamos haciéndolo creo que es casi que una rebeldía o un acto masoquista, por decirlo de alguna manera, de creer que las cosas sí pueden cambiar. Está como esa dualidad. Ves tanto, ves tanta cosa podrida que lo más que te queda es seguir denunciando esas cosas podridas, porque si no se hace, casi que sos parte de lo podrido.

Fotografía de: Mauro Arias Panamá. Equipo de Sala Negra de ElFaro.com. De Derecha a Izquierda aparecen, Óscar Martínez, Carlos Martínez, José Luis Sanz, Marcela Zamora, Roberto Valencia y Daniel Valencia.

Fotografía de: Mauro Arias Panamá. Equipo de Sala Negra de ElFaro.com. De Derecha a Izquierda aparecen, Óscar Martínez, Carlos Martínez, José Luis Sanz, Marcela Zamora, Roberto Valencia y Daniel Valencia.

 

 

>Diego Leonardo González Rodríguez es Comunicador Social y Periodista egresado de la Universidad Los Libertadores. Responsable de comunicaciones de la Cumbre Mundial de Paz 2008. Editor de la desaparecida revista digital palabranet.net (2006–2010). Ha colaborado para la revista digital Cronopio (Medellín), Cinosargo (Chile), la revista de música Under Colombia (Bogotá), Culturamas (España), en 2011 cursó la maestría en periodismo del diario Clarín (Argentina), donde le fueron publicados un par de artículos como estudiante. Twitter: @leonard_diego.

Autor: administrador

Comparte esta publicación en

Envía comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.