Diálogos en la ciudad de Gonçalo Tavares

Por Jorge Alonso Espíritu

 

El dios tutelar de Tavares es el Gato de Cheshire.

Alberto Manguel

 

 

 

Gracias a mis amigos que viajan mientras me hago cargo de un bienintencionado sedentarismo (o de mis viajes de muy bajo kilometraje), he podido obtener desde las librerías de Portugal un ejemplar del libro recientemente publicado de Gonçalo M. Tavares: O torcicologologista, Excelência. Lo primero viene a cuento porque la obra del portugués nacido en Angola es también un gigantesco mapa imaginario, un libro de viajes escrito por un sedentario.

La la literatura de Tavares (publicada en México, parcialmente, por la editorial Almadía) es la creación de un universo ficticio donde la realidad se funde, se mezcla y se tergiversa (de forma explícita en sus Historias falsas) en narrativas generalmente breves, pero unificadas en sistemas matemáticos que asemejan el orden de una ciudad. Su urbe se compone, como cualquier otra, de barrios, de personas y hechos históricos que tensan, relajan y llevan al límite la vida humana de quienes allí habitan, siempre en relación con lo inmaterial.

Si cada ciudad es un cuerpo, con un físico y un carácter que lo define, el de Tavares es uno breve, pero violento. Con una voz lacónica, que sólo habla cuando necesita, pero que suele golpear cuando lo hace. Su concepción de estilo literario sólo responde a la cadencia, pero los motivos son los mismos: la ciencia como filosofía, o bien, la filosofía como ciencia. Ya sea en la poesía, en los relatos, en dibujos, en la novelas, ensayos, piezas teatrales e incluso en la forma antigua de los poemas épicos, el escritor es un filósofo que, economista de palabras, reduce el dialogo al mínimo necesario, pero amplifica el significado de cada frase. Sus libros fluyen, pueden leerse con rapidez, pero a menudo el lector debe detenerse para asimilar el golpe, el asombro, la broma.

En O torcicologista, Excelencia, la forma es el diálogo. Dos personas, que por momentos pueden ser una misma, se encuentran en una desopilante serie de conversaciones que aparentan ubicarse en el sinsentido, como si se tratara de personajes extraídos del País de las Maravillas. Pero cada rodeo en lo imposible conduce a la lógica de las relaciones aritméticas. Un científico que estudió deporte y enseña epistemología, no podría escribir de otra forma. Los títulos de los diálogos lo delatan, con nombres como: “Sobre la geometría, la línea recta y los laberintos”.

Este afán de construir edificios con ciencias exactas y razones emocionales (el odio, como factor de cohesión en los libros que hacen parte de la serie El reino), delata una motivación enciclopedista que continúa en cada libro. Tavares ensaya definiciones y clasificaciones: “Un cuerpo que no obedece la lógica de la contabilidad es un cuerpo ANIMALESCO”, menciona en uno de los diálogos. El fin de cada fragmento recuerda por qué algunos de sus ejemplares están agrupados bajo el título Enciclopedia (distribuidos en México por Aldvs).

Se trata, eso sí, de una Enciclopedia sumamente divertida. En la línea de Mateo perdeu o emprego, este libro está recubierto de un humor ácido, de momento sádico, siempre irreverente, que arrasa desde un inicio que describe a la revolución como una forma de gimnasia colectiva. Impulsado comercialmente por la sentencia de Saramago, quien antes de morir pronosticó que ganaría el nobel, Tavares aquí se revela (o se rebela) como un escritor mucho más cercano al Ig Nobel:

-¿Es necesario llevar algo para la revolución?

-Cada uno lleva lo que es necesario. Lo que es exigido por lo más profundo de su ser.

-¿Cómo?

-Lleve una piedra…

-¿Puedo llevar una piedra del tamaño suficiente para partir una cabeza?

-Querido mío, ¡Qué horror!

-¿…?

-Ok. Sí…

…Una revolución que corra bien utiliza piedras para romper vidrios

-Entiendo

-Si corre mal, cabezas.

O torcicologista, Excelencia, resulta ser de los libros más provocativos de la bibliografía del portugués. Se ubica por lo pronto en uno de los límites del mapa de Gonçalo M. Tavares, acostumbrado a buscar caminos hacia las fronteras de su propia ciudad, para después volverla a cruzar por un nuevo laberinto.

 

 

 

 

 

>Jorge Alonso Espiritu. Estudió la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM, y se tituló con la crónica “Cada ciudad es un cuerpo: crónica de un viaje a Medellín”, donde recoge su experiencia como becario en Colombia. Originario de la ciudad de Puebla, radica en la Ciudad de México. Como reportero independiente ha publicado notas, crónicas, entrevistas, reseñas y relatos sobre la ciudad, sus personajes y dinámicas en diversos medios de comunicación. Actualmente labora como monitor y profesor en escuelas del Distrito Federal.

Autor: administrador

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