Destello

Por Luriel Lavista

 

Destello

                                                                              A Alma

 

Atravieso la resonante avenida de contraflujo
frente a esos cerros desgajados por la urbanidad
la inmediatez de diminutas luces llegan a ser inabarcables
como los sorbos de la mañana que se agolpan en mis pasos
prendo un cigarrillo arriesgando mi equilibrio en una viga

ahora que  estoy fuera del lecho de la ciudad
no hago caso de las falsas concepciones que me trae la altura
ceremoniosamente escucho a Chet Baker
dejo que el polvo se acomode en mis ropas
me esparzo como puedo,
me consuelo

perdido en mis contemplativos deseos
que me hacen sumirme en una desconocida quietud
veo consternarse esta noche
encuentro mis juicios equivocados

su presencia me place igual a su evocación
(callada, dormida, pálida, tibia)
le he visto tomar el primer sitio,
afortunada por algo significante al olvido
su aliento es este humo de mi mano en soledad

no queda más que refugiarse en otra adoración suprema
renegar de la plenitud si no es conducida con saciedad
seguir con la angustiosa fabula sin destino
ejemplo claro de nuestra  brevedad,
que solo la carencia nos hace ver imágenes de esperanza
agotamiento de mirar hacia el mismo trayecto

pesa mucho desprenderse de esta hora
refulgente mascara que me trae de nuevo el extraño silencio

 

Un único tiempo

                                                                               Para el Guitarrista

 

inesperado despertar

ante las bocanadas

se hunde poco a poco

se enreda al sediento humo,

en su microcosmos

la mente burla otra visión

revolcado en la mirada embrutecida

por el azote de su propia exhalación,

trata de diferenciar

entre las letanías de su alrededor

la doble combustión

que le trae su mano temblorosa,

sus ojos hundidos en el alcohol

constantemente terminan en la saliva

en la tierra floja que empuja su pie

en el deslizamiento de la cortina

retrocediendo hacia la mancha,

allá en el fondo de la puerta

avanza una voz

subsiste por no sé cuanto tiempo en la debilidad de su atención

“ay de ti

que al entrar a lo despoblado

busques la posición más reducida

aquel suelo tan hondo

cuyo alcance sea una migaja,

no te pienses ni un momento quieto

sobre la desembocadura

que te da la unicidad

contente, solo espera

y ante todo resiste,

al menos una vez olvida todo cuanto tienes

párate en medio de la calle y siéntete poseedor de vida”

en el ánimo de continuar

se pregunta como se debe vivir

en estos tiempos de esperada catástrofe,

pero en un hombre común

que solo se abastece de aproximaciones irreales

no parece tener una concepción relevante ante el deber

mas puede decir ahora mismo

que se impone la respiración

cortando esas largas olas del mar abierto que es la borrachera

“que mas da el bramido del día o la noche

siempre hay un vaivén, un chingadazo

en el mero costado de la vida

la comodidad determina la ceguera,

en la sumisión de almas

esta la risa desesperada

de la inconsciencia”

la luz aquí es buena poco a poco le llega un recuerdo

avienta el vaso de veladora

que deja de trasparentar calma

el cigarrillo se estampa en la pared

carcomida por ciertas figuras absurdas

manotea el aire viciado de las carcajadas

desde su boca arroja improperios

que nadie alcanza a contestar

porque se agota su paciencia,

y sale hacia el aire húmedo

avanza desde entrecortados pensamientos

que no podrá retomar

sus ojos parecen cerrarse

y en el baldío que esta enfrente del tugurio

cree ver ese bello jardín, acariciando la hierba

se desploma

acaso es el cero de un bestia

y el infinito de un dios

del que hablaba Monsieur Teste

o solo es un ser

con una mente enferma

que en momentos luminosos

arranca de entre toda su miseria

un rasgo de aparente inmensidad;

vuelvo a pedir otro trago

del más barato licor

que aún puedo pagar

mientras el aire golpea la ceniza

que no he dejado caer

bebo tranquilamente

y me recargo en la pared

solo sigo esperando

a que termine de oscurecerse

allá afuera

Tiempo

 

Anoche

Anoche en aquel ínfimo hospital,

la joven pareja

en la sala de partos

les entregaban al niño muerto

en un galón de jugo rancio

las bailarinas de terciopelo

educadas en una vitrina

yacen irreconocible, agonizantes

con la nuca mezclándose en la sabanas

desde la carretera deliraban cantatas

el ebrio de la bahía

conocido por adulterar el frío,

relinchando de soberbia

tropezó entre la cálida oscuridad

enterrándose en el cuello cristales de su botella

el pordiosero sin saber cómo llego

se desconectó del respirador

tomo de un estante algunas ropas,

burlo a una nerviosa enfermera

(las manos siempre en los bolsillos),

masticando unas pequeñas pastillas

que le duele un poco el antebrazo,

ha de haber terminado aquí

al reconocerle en un cascajo

ve, duerme con los brazos cruzados

el cuerpo sumergido en la playa

con la fina sonrisa ilesa de falsedad,

en los últimos minutos

antes de que cicatrice la mano en el rosal

que con su calor

harán inimaginable otra noche más

 

Anoche

 

>Luriel Lavista: (Edomex,1990). Lavacoches. Gusta de la Música Concreta. Ha publicado en las revistas: Molino de Letras, Vómito de Letras, Factum, El Humo, Círculo de Poesía, Revista Miseria, Otro Páramo, Literariedad. En los espacios de Digo.Palabra.txt, La Rabia del Axolotl, Cronopio.MX, Nota Random, Tejiendo Versos, Kaja Negra y en Poesía Referencial. Poemas suyos han sido traducidos al inglés en The Ofi Press Magazine.

Autor: administrador

Comparte esta publicación en

Envía comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.