Contra la lectura: slow reading

Por Carlos Bortoni

 

Soy un lector lento. Eso no quiere decir que estoy afiliado a ninguna suerte de movimiento en pro de la lectura lenta. Soy un lector lento porque soy un holgazán que desconfía por método de cualquier movimiento o tendencia. Incluso cuando estoy de acuerdo con ello. Resulta sospechoso que mucha gente considere que algo es correcto. Eusebio Ruvalcaba suele decir que basta con imaginarse el Estadio Azteca lleno de gente leyendo el mismo libro… para darse una idea de lo que significa un best seller. Esto… a pesar de que reconoce que un best seller tiene su chiste. Lo mismo me pasa cuando algo irrumpe con la fuerza de un grupo de entusiastas seguidores detrás de ello. La moda del slow reading no es la excepción.

Los clubes de lectura lenta que han surgido en distintos lugares del mundo se presentan como un “método de desintoxicación digital”. En pocas palabras… el slow reading es una granja para adictos a los dispositivos móviles… redes sociales… correos electrónicos… etc. Para hacerlo… proponen un estado de espiritualidad oriental trastocada por la lógica mercantil occidental: “cuerpo relajado… espíritu inquieto… corazón abierto”. El método: establecer un tiempo de lectura al día… leer lo que está a nuestro alcance (físicamente)… leer lo que podemos entender (no aventurarnos con lecturas pesadas)… releer lo que nos ha gustado… leer de forma activa (sólo cuando estamos “frescos”)… leer cada línea… amar las palabras… apagar los dispositivos móviles y eludir toda distracción… cerrar los ojos y concentrarte en inhalar y exhalar cinco veces… unirte a un club de lectura en el que cada quien lleva el libro que quiere leer y durante cierto tiempo se hacen compañía leyendo en silencio.

Resulta paradójico que la lectura lenta se proponga como un espacio dependiente de la presencia de otros… un grupo de autoayuda para gente que no puede leer sola. Como un periodo en el que se “renuncia” a la hiper comunicación en la que vivimos para calmar nuestra mente y ansiedad… cosa que… los promotores del slow reading se apoyan en evidencia científica… es uno de los beneficios de la lectura lenta. Está de más aclararlo… quien lee lento no rompe por completo con aquello que lo estresa y acelera… simplemente establece un momento en su agenda en el que habrá de estar tranquilo para luego estresarse mejor. Los clubes de lectura lenta no buscan que el lector se confronte con nada… por el contrario… recomiendan que lea lo que tenga a la mano y pueda entender… si se trata de algo que ya ha leído… mejor… así el esfuerzo será menor y el riesgo de la lectura mitigado. La lectura lenta parece empujada por los enormes consorcios editoriales que dominan el mercado y no publican más que literatura ligera para lectores ligeros. En fin… ensañarse contra los grupos de slow reading es como ensañarse contra quienes van a clase de yoga un par de horas por semana y piensan que han abrazado un estilo de vida diferente… no tiene caso.

Sin embargo… la propuesta de la lectura lenta va más allá y tiene teóricos que la defienden. Lancelot R. Fletcher, filósofo de la ciencia en Yale, sostiene desde hace algunos años que la lectura lenta es la afirmación del intento autoral. Me explico… Fletcher afirma que leer lento permite entender el verdadero significado de las palabras… permite asumir al autor como Dios y libera de debates e interpretaciones para permitirnos acceder al verdadero significado del texto. En otras palabras… lo que el fundamento de la lectura lenta afirma… es la inutilidad de dialogar con el texto… es el absurdo de que para un texto dado existe una –y nada más‑ interpretación posible. Lo demás… descansa en el error.

En alguna ocasión… escribí un relato sobre un sujeto que pretende suicidarse en navidad y fracasa en su intento. El texto, pensaba yo, trataba sobre la frustración de un individuo que no consigue escapar a su realidad. Luego de leerlo… alguien se acercó y me dijo que era un relato bellísimo en el que el espíritu fraternal y solidario de la navidad triunfa por encima de todo. Desde luego que –como lo he dicho ya‑ esa no fue mi intención al escribirlo… pero no puedo negar que esa interpretación era posible… tan posible que esa fue la lectura que alguien hizo del texto… y de ninguna manera equivocada. Leer es un acto creativo en sí mismo. Reducirlo a la interpretación de signos y contenidos para obtener un resultado lineal –como proponen los partidarios del slow reading– es reducirlo a una fórmula que busca adoctrinar al lector. Poco importa si este lee rápido o lento.

 

 

Ilustración: R. Moses.

>Carlos Bortoni es antropólogo, escritor y editor, fundador de Editorial Nula. Es autor de Perro viejo y cansado (Nitro/Press, 2014), Tormentas en vasos de agua (Casa Editorial Abismos, 2015) y Dar las gracias no es suficiente (Sediento Ediciones, 2015). Twitter: @cbortoni 

Autor: administrador

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